Recuerdos que llegan sin avisar
de personas alejadas hace demasiado tiempo
traen un sabor amargo a la boca que evoca incomodidades y lamentos.
Aún así, las personas del recuerdo no vuelven;
nuestras acciones o las de Ellas así lo dejaron de manifiesto.
Un mensaje -o varios- sin responder por temor o placer;
una silla vacía, una promesa incumplida y otro café más que se enfría;
esperar hasta desfallecer a quien no siente deseos ni de volver.
Indiferencia y mentiras, mientras el reloj horas retira.
Qué habremos hecho mal,
por qué no se nos concede una segunda oportunidad;
quién puede ayudarnos, cuál es la mejor de las alternativas,
cómo volver el tiempo atrás...
Mientras pasa el tiempo y nada más,
haciendo una lista de preguntas sin respuestas
se nos escapa la vida.
Y sentimos una fractura en el corazón.
Una punzada en el alma que nos moja la vista.
Un dolor fantasma y cruel, que nos tortura
en su proverbial ausencia.
Y sentimos el momento en que algo dentro nuestro murió,
y cómo el mundo sigue girando.
Y sin querer,
pero queriendo,
en poética reciprocidad,
nos marchamos sin decir palabra.

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