[Prólogo - Primera Parte - Parte II ]
En el arte japonés es imposible pensar en progreso sin rivales.
Tal vez sea el tipo de superpoder adquirido por una sociedad tras haber resistido al máximo de los cataclismos.
Sea como fuere, las rivalidades están presentes. Gokuh y Vegeta; L y Kira; Guts y Griffith.
No hay villanos, y a veces hay amistad verdadera.
Pero para quien quiere progresar y alcanzar el cénit, siempre habrá un rival,
o el guión y las circunstancias le proveerán uno. Y luego uno más fuerte; y luego uno más.
Es parte del espíritu Shonen: si tu historia es digna, estará definida por tus rivales.
(En Occidente es otra cosa*.)
Esta es una de las ideas motoras de Bakuman: cómo la competencia amigable eleva los estándares y edita los esquemas, el orden de las viñetas y la potencia de una historia no sólo entre mangakas, sino además entre editores. Parte de la expectativa en la mayoría de los episodios viene de ver los resultados de las encuestas de popularidad, una manera muy directa y comprensible de reflejar el fruto del trabajo en equipo y las tácticas empleadas para seguir dando batalla semana a semana.
Y si bien no es inesperada, esa tan compleja relación entre rivales y colegas es mucho más clara en Bakuman, más que en ningún otro manga.
Noches enteras de borradores, entintados y reescrituras pueblan los días de Saiko, Shuujin y sus editores. Y del genio Nizuma, y del temperamental Fukuda, y de la orgullosa Ko Aoki, y del inigualable Hiramaru, entre otros.
El deseo de crear historias que cobren vida gracias a la dificultad de las circunstancias creadas por el talento y la ambición llenando el tiempo entre plazo y plazo.
Bakuman sin embargo, ilustra cómo las circunstancias editoriales pueden crear también situaciones de rivalidad entre artistas: después de todo, sólo veinte series a la semana pueden permanecer publicadas en Jump, y todos los artistas pugnan por uno de esos lugares con el correr de la historia (a veces DOS), que como explicamos antes, naturalmente desplazará a otra.
Personajes con los que simpatizamos elevarán la calidad de sus trabajos de manera tal que resulten un obstáculo para nuestro dúo creativo y su deseo inextinguible de hacer sus sueños realidad.
Las estadísticas editoriales acompañan cada entrega semanal, y en la parte final de la obra, ganan casi más relevancia que los trabajos creados en sí mismos, los cuales incluso pasan a ser a su vez protagonistas que compiten contra series rivales. Esta es la parte en la que leer la obra a veces se vuelve sumamente denso, y la acción inicial queda congelada por el progreso del guión. Bakuman se arriesga en más de una manera a crear una obra digna de explorarse, conocerse y compartirse, pero no decepciona. E incluso en sus momentos más densos, se encarga de mantener las cosas a un ritmo veloz para cumplir con sus plazos.
Está luego, el apartado artístico en todas sus facetas, explicado parte por parte, y muchas veces además ejemplificado, que son los que dotan al trabajo de Ohba y Obata de una cualidad educativa utilitaria e imperecedera, y de los cuales hablaremos en la siguiente entrega.
Continuará.

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