"Mucha gente no comprende las raíces de su propia frustración, y por ello su rebelión carece de dirección. Saben que quieren rebelarse, pero no saben contra qué. Afortunadamente, el Sistema es capaz de nutrir sus necesidades al proveerles con una lista de agravios estereotipados en el nombre de los cuales rebelarse: racismo, homofobia, problemas de mujeres, pobreza, talleres clandestinos… la lista completa de problemas para "activistas".
Montones de pseudo-rebeldes muerden la carnada. Oponiéndose al racismo, sexismo, etc etc etc, están haciendo el trabajo del Sistema por él. Y a pesar de esto, fabulan que están rebelándose contra el Sistema. Cómo es esto posible?
Primero, hace 50 años atrás, el Sistema no estaba comprometido con la igualdad para la gente de color, las mujeres y los homosexuales, así que esa acción a favor de dichas causas realmente era una forma de rebelarse.
En consecuencia, estas causas vinieron a ser etiquetadas como causas rebeldes. Han mantenido ese estatus hasta nuestros días por una cuestión de tradición; y esto es así porque cada generación de rebeldes imita a las generaciones que los precedieron.
Segundo, sigue habiendo una cantidad considerable de gente, como dije antes, que resiste los cambios sociales que el Sistema requiere, y algunas de esas personas son incluso figuras de autoridad tales como policías, jueces o políticos. Estos proveen un objetivo para los pseudo-rebeldes, alguien contra el cual rebelarse. Cronistas como Rush Limbaugh avalan el proceso criticando a los activistas: ver que alguien se ha enojado alimenta la ilusión de los activistas de que se están rebelando.
Tercero, para poder seguir azuzando el conflicto incluso con la mayoría de los líderes del Sistema que aceptan completamente los cambios sociales que el Sistema demanda, los pseudo-rebeldes insisten en soluciones que van mucho más lejos de lo que los líderes del Sistema consideran prudente, y demustran un enojo exagerado sobre asuntos intrascendentes. Por ejemplo, exigen el pago de compensaciones a la gente de color, y a menudo se enfurecen ante cualquier crítica hacia un grupo minoritario, no importa cuán cuidadosa ni razonable sea.
De esta manera, los activistas son capaces demantener la ilusión de que se están rebelando contra el Sistema. Pero la ilusión es absurda. El revuelo en contra del racismo, el sexismo, la homofobia y demás no constituye más rebelión contra el Sistema que el revuelo contra los chanchullos y la corrupción políticos. Aquellos que se oponen a los chanchullos y la corrupción no se están rebelando, sino actuando como los ejecutores del Sistema: están ayudando a mantener a los políticos alineados con las reglas del Sistema. Aquellos que trabajan contra el racismo, el sexismo y la homofobia, de igual modo, también actúan como ejecutores del Sistema: ayudan a éste a suprimir las actitudes anómalas de racismo, sexismo y homofobia que causan problemas para el Sistema.
Pero los activistas no actúan sólo como ejecutores del Sistema. También sirven de pararrayos que protegen al Sistema, alejando al resentimiento público causado por el Sistema y sus instituciones. Por ejemplo, hubo varios motivos por los cuales era beneficioso para el Sistema sacar del hogar a la mujer e insertarla en el mercado laboral. Hace cincuenta años atrás, si el Sistema -representado por el gobierno o por los medios de comunicación- comenzaba de la nada con una campaña propagandista diseñada para hacer que fuera socialmente aceptable que la mujer centrara su vida en sus carreras en lugar de sus hogares, la resistencia natural al cambio propia del ser humano habría causado un masivo resentimiento público. Lo que ocurrió en realidad fue que los cambios fueron encabezados por feministas radicales, detrás de los cuales iban las instituciones del Sistema , a una distancia segura. El resentimiento de los miembros más conservadores de la sociedad fue entonces dirigido primariamente hacia los feministas radicales en lugar de hacia el Sistema y sus instituciones, porque los cambios apoyados por el Sistema parecían más lentos y moderados en comparación a las soluciones más radicales promovidas por los feministas, e incluso esos cambios relativamente lentos eran vistos como un producto de las presiones que los radicales habían forzado sobre el Sistema.
Así que, en síntesis, el truco más práctico del Sistema es este:
Por el bien de su propia eficiencia y seguridad, el Sistema necesita generar cambios sociales radicales y profundos que coicidan con las condiciones alteradas por el progreso tecnológico.
La frustración de la vida bajo las circunstancias impuestas por el Sistema conducen hacia impulsos de rebeldía.
Los impulsos de rebeldía son cooptados por el Sistema al servicio de los cambios sociales que éste reuqiere; los activistas "se rebelan" contra los valores anticuados y obsoletos que ya no son útiles para el Sistema, a favor de los nuevos valores que el Sistema necesita que aceptemos.
De esta forma, a los impulsos rebeldes, que otrora hubieran sido peligrosos para el Sistema, se les asigna un desahogo que no sólo es inocuo para el Sistema, sino que además le es útil.
Gran parte del resentimiento público -resultante de la imposición de cambios sociales- es entonces alejado del Sistema y sus instituciones, y es dirigido en su lugar hacia los radicales que lideran los cambios sociales."
–Dr. Theodore "Unabomber" Kaczynski, Technological Slavery (2008).-
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