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Gaiman [Parte IV, 15%]

  

Nota: el siguiente texto es una traducción del artículo original íntegro, sobrecargado de descripciones que tienen la intención de manipular las emociones del lector por encima de presentar la información pertinente.

El artículo deja de manifiesto las pretensiones literarias de quien lo escribió, sobrecargado de lirismos y devaneos en pos de ser considerado para algún tipo de premio literario feminista, pasando muy por arriba detalles cruciales en lo que a todo el asunto respecta, y buscando aligerar la responsabilidad de la "protagonista" de la historia y las actrices de reparto.

 

Es importante recordar también que al momento de salir esta nota, Neil Gaiman y Amanda Palmer siguen trenzados en un divorcio en proceso que lleva ya varios años. Téngase en cuenta el sesgo adoptado por quien escribió el artículo y estas circunstancias a la hora de sopesar la magnitud de lo ocurrido y el objetivo ulterior que tenga este terraplén de texto de minimizar o graciosamente ignorar las responsabilidades de todos los implicados. El objetivo del periodismo dejó de ser hace años el de buscar la verdad o informar de forma veraz. Especialmente en una publicación llamada Vulture (Buitre). 

 

Se sugiere a quien lea esto que se sirva de su propio entendimiento, y que siempre que pueda lea entre líneas; si hay algo que suena incoherente o exagerado, es porque seguramente lo es.

 

Eso no quita la verdad de los hechos, que es lo único, al fin y al cabo, que importa en todo esto.

Vamos a ello.

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No Hay Palabra Segura:

Cómo el autor de Fantasía Best-Seller Neil Gaiman 

ocultó sus Partes Más Oscuras durante Décadas

Artículo original -archivado- [ENG] 

https://archive.is/2025.01.13-120214/https://www.vulture.com/article/neil-gaiman-allegations-controversy-amanda-palmer-sandman-madoc.html

 

Scarlett Pavlovich era una estudiante de teatro de 22 años cuando conoció a la cantante Amanda Palmer por casualidad en las calles de Auckland. Era una tarde gris y de llovizna en junio de 2020, y Palmer, en ese momento de 44 años, iba caminando por la calle con la actriz Lucy Lawless, una de las personas más famosas de Nueva Zelanda gracias a su lapso de seis temporadas interpretando a Xena, la princesa guerrera. Pero Pavlovich sólo se fijó en Palmer. Ella había visto su charla TED, "The Art of Asking", estaba fascinada por la música y escritora feminista de culto –fascinada por su imperturbable confianza en sí misma.

 

A primera vista, Pavlovich parecía tener confianza en sí misma también. Una nativa del lugar, había abandonado la secundaria a los 15 años para viajar por Europa, Maruecos, y el Oriente medio de forma económica, parando en Escocia – donde Tilda Swinton le otorgó una beca para asistir a su escuela Steiner, Drumduan – y en Londres para trabajar en la escena del cabaret. Eventualmente, su visa expiró y se quedó sin dinero, así que, en 2019, volvió a Auckland, donde se enlistó en una academia de actuación y encontró un trabajo en una perfumería. Pálida y de cabello oscuro y muy delgada, ella prefería colores audaces y vestimentas extravagantes. El día que conoció a Palmer – así como la mayoría de los días – se había pintado un triángulo de plata traslúcida debajo de sus pestañas inferiores, para que pareciera que había estado llorando lágrimas de glitter. Fue Pavlovich quien se acercó a Palmer en la vereda de la perfumería. Ella se sorprendió cuando Palmer le envió un mensaje de texto algunos días más tarde. "Soy amanda d palmer", escribió. "Tu nueva amiga."  

 

Palmer, una cronista obsesiva de su propia vida vía canciones, poemas, artículos de blog, y una autobiografía, tuvo sus inicios como la mitad de la banda de punk cabaret Dresden Dolls, pero quizás es más famosa por su habilidad para atraer una audiencia devota y unida allí donde fuera. En 2012, se volvió el primer músico en juntar más de $1 millón de dólares en Kickstarter y luego se volvió una de las artistas más exitosas en Patreon. Como Palmer explicó en su libro El Arte de Pedir –un poco autobiografía, un poco manifiesto acerca de las virtudes de pedir ayuda de distintos tipos– ella había construido su carrera completa en "intercambios engorrosos de buena voluntad y el canje de favores". De este engorro, dice, se formó un tipo de comunidad utópica: "no había distinción entre los fans y los amigos."

 

El el transcurso del siguiente año y medio, Palmer y Pavlovich ocasionalmente se encontraron para tomar o comer algo. Palmer le ofreció a Pavlovich entradas para sus shows y la invitó a fiestas que daba para la comunidad de Patreon en su casa en la cercana isla de Waiheke, un suntuoso refugio bohemio con viñedos, playas doradas, y más de 60 helipads para proveer a los billonarios que vacacionaban allí. A veces Palmer le pedía favores a Pavlovich –ayuda para los mandados u organizar archivos o cuidar a su hijo. Pavlovich estaba encantada de asistirla. Ella estaba enamorada de Palmer. A ella nunca le importó que muy pocas veces hablaran de remuneración, pese a que Pavlovich apenas tenía algún dinero. Para Pavlovich, que se había alejado de su familia y carecía de una red de contención, Palmer llenaba una necesidad más profunda. En noviembre de 2020, Palmer la invitó a su casa por un fin de semana junto a un grupo de artistas locales. En la reunión Palmer le pidió a Pavlovich que le cuidara a su hijo mientras ella iba a darse un masaje. A la mañana del siguiente día, Pavlovich escribió una entrada en su diario acerca de la sencilla intimidad que había sentido en el hogar de Palmer bañado de sol, donde ella le leía a su hijo, en ese momento de 5 años, con sus brazos entrelazados. "Los años ausentes de tacto se acumularon como una herencia gris," escribió ella. "Tengo hambre. Estoy tan jodidamente famélica".

 

El 1 de Febrero de 2022, Palmer le escribió un texto a Pavlovich y le preguntó si querría pasar el fin de semana haciendo de niñera, lo cual implicaba alternar entre su casa y la de su marido. Pavlovich nunca había conocido al esposo de Palmer, del cual se había separado, pero desde luego sabía quién era: Neil Gaiman, el aclamado escritor de fantasía británico, autor de casi 50 libros, incluidos American Gods y Coraline, y la serie de cómics The Sandman, cuyo trabajo había vendido más de 50 millones de copias en todo el mundo. Gaiman y Palmer habían llegado a Nueva Zelanda en Marzo de 2020, pero un par de semanas más tarde, su matrimonio de nueve años colapsó y Gaiman desapareció, infringiendo los protocolos del COVID para volar a su hogar en la isla de Skye. Ahora, había regresado y estaba viviendo en una casa cerca de la de Palmer en Waiheke. La niñera anterior se había marchado hacía poco, y necesitaban ayuda. Pavlovich accedió y estaba complacida cuando Palmer le ofreció pagarle por el trabajo de fin de semana. 

 

Palmer y Gaiman, 2010

 

Alrededor de las cuatro de la tarde el 4 de febrero, Pavlovich tomó el ferry de Auckland a Waiheke, luego se sentó en un colectivo y caminó hacia los bosques hasta que llegó a la casa de Gaiman, una cabaña con forma asimétrica en A de madera oscura y bruñida, con ventanales hacia el mar. Palmer había organizado una cita de juegos para el niño, así que apenas llegó Pavlovich, se halló sola en la casa con el autor. Por un instante, Gaiman trabajó en su oficina mientras ella leía en el sofá. Luego el apareció y le ofreció mostrarle el lugar. Con una figura notable para 61 años, sus bucles negros enhebrados con mechones de plata, el autor tomó un higo -la fruta favorita de ella- y se lo dio. Cerca de las 8 de la noche, se sentaron a comer pizza. Gaiman le sirvió a Pavlovich una copa de vino rosado y luego otra. El sólo bebió agua. habían conversado torpemente acerca de Nueva Zelanda, del COVID. Pavlovich nunca había leído ninguno de los trabajos de él, pero estaba ansiosa por causarle una buena impresión. Luego de que ella lavara los platos, Gaiman había mencionado que había algo de tiempo antes de tener que ir a buscar a su hijo. "Se me ocurrió algo," ella recuerda que dijo. "Por qué no te das un baño en la hermosa bañera del jardín? Es pura magia." Pavlovich le dijo a Gaiman que estaba bien como estaba pero al final accedió. El necesitaba hacer una llamada de trabajo, había dicho, y no quería que Pavlovich se aburriera.

 

Gaiman llevó a Pavlovich por un sendero de piedra dentro del jardín y hacia una bañera anticuada con una tapa rebatible y se marchó. Ella se desvistió y se sumergió en la bañera, mirando los capullos peludos color magenta del árbol pohutukawa en lo alto. Un par de minutos más tarde, ella se sorprendió de escuchar los pasos de Gaiman sobre las piedras en la oscuridad. Intentó cubrirse los senos con los brazos. Cuando el llegó hacia la tina, vio que estaba completamente desnudo. Gaiman trajo unas velas de citronella, las encendió, y se metió en la bañera. El se estiró, de cara a ella, y charló durante algunos minutos. Se quejó de los horarios de Palmer. Habló de la escuela de su hijo. Luego le dijo que estirara las piernas y que se "ponga cómoda".

 

"Le dije 'no.' Le dije 'soy insegura de mi cuerpo,'" recuerda Pavlovich. "El dijo, 'está bien –sólo soy yo. Solo relajate. Sólo estamos conversando.'" Ella no se movió. El la volvió a mirar y le dijo "No arruines el momento." Ella hizo lo que se le dijo, y el comenzó a acariciar sus pies. A esa altura, recuerda, ella sintió "un  terror sutil."

 

Gaiman le pidió que se sentara en su falda. Pavlovich balbuceó un par de cosas: ella era gay, ella nunca había tenido sexo, ella había sido abusada sexualmente por un hombre de 45 años cuando ella tenía 15. Gaiman siguió presionando. "La siguiente parte es realmente amorfa," me dice Pavlovich. "Pero puedo decirte que puso sus dedos directamente en mi culo e intentó penetrarme. Y le dije 'no, no.' Luego intentó frotar su miembro entre mis pechos, y le dije 'no' una vez más. Luego preguntó si podía venirse en mi cara, y le dije 'no' pero lo hizo de todos modos.

El dijo, "llamame 'amo,' y yo vendré." Dijo, 'Se una buena chica. Sos una buena chiquita."

 

Luego, Pavlovich se acuclilló en el agua para limpiarse e intentó limpiarse. Gaiman la miró y sonrió. "'Amanda me dijo que no podría tenerte,'" Pavlovich recuerda . Tan pronto como oyó eso, el "sabía que tenía" que tenerla. 

"'Dios,'" prosiguió, "'Desearía que estuviéramos en los buenos viejos tiempos cuando podríamos haberte cogido entre los dos.'"

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